Las vacunas no causan autismo

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Seamos claros y contundentes: las vacunas no provocan autismo. ¿De donde sale ese bulo?

De las afirmaciones carentes de fundamento que el Sr. Wakefield (a quien se retiró la licencia médica por sus practicas fraudulentas y peligrosas) vertió en un artículo que coló en la revista The Lancet (1998) y que nunca debió ser publicado. Tanto es así que diez de los trece autores del artículo original se retractaron públicamente de las conclusiones. En un artículo posterior, publicado también en The Lancet (2004), reconocieron los errores de metodología y de interpretación de datos que habían cometido y su preocupación porque dichas afirmaciones habían tenido graves y peligrosas implicaciones para la salud pública.

El mal estaba hecho y la reparación llegaba tarde porque desde la desafortunada publicación inicial las tasas de vacunación en EEUU disminuían por una alarma injustificada que señalaba falsamente a las vacunas de un problema cuya causa sigue siendo desconocida.

Pero ¿por qué sigue habiendo gente que cree que las vacunas causan autismo? Porque se confunde la caSUalidad con la caUSalidad.

Resulta que la mayoría de vacunas se ponen entre los 2 meses y los 3 años de edad y que es en estas mismas edades cuando empiezan a detectarse la mayoría de problemas del neurodesarrollo. También muchas epilepsias, y epilepsias con grave deterioro mental, aparecen durante los 2-3 primeros años de vida.

La mala ciencia establece una causa(lidad) donde solo hay casualidad.

Durante los 3 primeros años de su vida, el niño adquiere las habilidades básicas necesarias para su autonomía: controlar la postura y caminar, hablar y comunicarse, evitar hacerse caca y pis encima…
Estas habilidades se adquieren a medida que el cerebro va desarrollando los circuitos necesarios para albergarlas. En estos años cruciales, van creciendo sus neuronas, para formar conexiones entre ellas, y así pueden aprender nuevas habilidades.

Si en el momento en que un niño debe adquirir una habilidad nueva esta no aparece, salta la alarma y es cuando podemos detectar la aparición de posibles problemas. Es decir, los trastornos del neurodesarrollo aparecen en los primeros años de la vida, cuando el cerebro se desarrolla. Parece de perogrullo, ¿no?

La detección de las enfermedades del neurodesarrollo infantil sucede a las mismas edades a las que se reciben las vacunas y esta es toda la relación entre los trastornos del neurodesarrollo y las vacunas.

Los trastornos del neurodesarrollo aparecen por igual en niños vacunados y en niños sin vacunar. JAMA. 2015;313(15):1534-1540. doi:10.1001/jama.2015.3077

La casualidad consiste en que los 3 primeros años de vida son los de mayor crecimiento del cerebro y es cuando se ponen la mayoría de vacunas.

¿Y qué puede causar una alteración del neurodesarrollo? Pues muchas cosas, pero las vacunas NO son una de ellas.

Al revés, las vacunas protegen al cerebro inmaduro de infecciones graves que pueden dañarlo y causar enfermedad o muerte.

 

vacuna-y-autismo

 

En el gráfico os muestro la edad a la que se pone cada vacuna –según el calendario vacunal de Cataluña (corresponde al año 2015 pero sirve igual para la explicación)–, la edad a la que se desarrollan las habilidades motoras, de lenguaje y sociabilidad (en los recuadros amarillos) y las edades en que suelen detectarse los problemas (limitadas por las líneas granates).

PCI – Parálisis Cerebral Infantil
TEA –Trastorno en el Espectro del Autismo
• TDA-H –Trastorno Déficit Atención-Hiperactividad

MaJoseMas

Dra. María José Mas
Pediatra especialista en neuropediatría. Responsable de la Neuropediatría del Hospital Santa Tecla de Tarragona y del CDIAP Santa Tecla.

Autora del blog «Neuronas en Crecimiento», premio Bitácoras 2016 al mejor blog de salud e innovación tecnológica.

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