Conócenos

Pepe, nuestro hijo de casi cinco años, se despertó un día y había olvidado cómo hablar. Hasta entonces había sido un niño sano, curioso, alegre. Aquella mañana no pudo ni decirnos buenos días. Tras muchas pruebas, noches sin respuestas y pruebas de todo tipo, llegó el diagnóstico: una enfermedad neurológica que afecta seriamente a la memoria, al lenguaje y al aprendizaje. En nuestro caso se trataba del Síndrome de Landau Kleffner, pero hay centenares de enfermedades como esta que afectan a cada vez más personas, niños y adultos. Inmediatamente comprendimos que no podíamos rendirnos ante la fatalidad, sino trabajar en lo esencial: conocimiento, coordinación, investigación y una forma distinta de educar.

También aprendimos que solo hay dos opciones: resignarse o intentar a cambiar las cosas. Elegimos la segunda. Durante un tiempo vivimos en Estados Unidos. Allí descubrimos un modelo educativo y terapéutico en el que médicos, docentes y especialistas trabajaban juntos, poniendo a la persona —no al diagnóstico— en el centro. Vimos avances. Vimos esperanza. Y entendimos que ese modelo no podía ser un privilegio reservado a unos pocos. Al volver a España creamos la Fundación Querer. Y a ello hemos dedicado nuestro tiempo y nuestros recursos.

La Fundación Querer nació del amor por un hijo, pero no se quedó ahí. Existe para todas las personas con trastornos neurológicos del lenguaje y del aprendizaje, y para sus familias. Para investigar, para formar, para acompañar, para demostrar que cada persona aprende de una manera distinta y que todas merecen las mismas oportunidades. Nuestro modelo es exigente en recursos y personal, pero estos chavales, cuyo cerebro funciona de manera diferente, merecen aprender, madurar y alcanzar su máximo potencial. La medicina tiene terapias personalizadas, ¿por qué no la educación? En este esfuerzo contamos con la ayuda de personas y empresas que, con sus generosas donaciones, nos permiten financiar un modelo educativo que es caro por definición. No puedo dejar de mencionar a la Fundación La Caixa, sin cuya ayuda la Fundación Querer no habría existido.

Todas las vidas tienen el mismo valor, y esta convicción guía nuestro trabajo. Las diferencias no son un límite, sino una condición humana que debemos comprender mejor. Por eso impulsamos la investigación, la formación, la concienciación social y proyectos educativos pioneros como el Colegio Querer, donde cada alumno recibe atención individual, con rigor científico y con humanidad, y no como un miembro de un grupo.

Nada de esto sería posible sin la implicación de las familias, los profesionales, los colaboradores y las personas que creen que otra forma de educar y acompañar es posible. Seguimos caminando, aprendiendo y construyendo, con la convicción de que escuchar, entender y coordinar cambia vidas.

La Fundación Querer no nació de una teoría, sino de una certeza: podemos hacerlo mejor. En eso estamos.

Pilar García de la Granja

Presidenta de la Fundación Querer

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Premios

La Fundación Querer ha sido reconocida con varios premios a lo largo de su trayectoria.