Para gran parte de las personas, la comida supone un momento placentero y de disfrute. Sin embargo, para algunos niños puede convertirse en un auténtico desafío. Los problemas en la alimentación pueden surgir por diferentes motivos, entre ellos, dificultades en el procesamiento sensorial. «Mi hijo es muy quisquilloso con la comida», «No soporta las texturas líquidas» u «Odia la verdura», son ejemplos de situaciones cotidianas en algunas familias, que esconden, en ocasiones, problemas de integración sensorial, esto es, en la manera en la que el cerebro ingresa, combina y procesa la información que recibe a través de los sentidos y responde de forma adecuada y adaptada a los estímulos externos.

Comer es una de las tareas sensoriales más complejas a la que un niño se enfrenta. En ella intervienen distintos procesos, tanto a nivel sensorial, como oral y motor. Sin embargo, tanto en niños normotípicos como en aquellos con algún tipo de discapacidad se pueden desarrollar dificultades en el procesamiento sensorial que compliquen el día a día de las familias. «Es algo que puede generar estrés y agobio en las familias y limitar mucho su día a día, además de provocar carencias nutritivas en el niño que obliguen a recurrir a batidos de proteínas o vitaminas», asegura Eva Mora, terapeuta ocupacional especializada en integración sensorial.

Con el objetivo de atajar estas dificultades en la alimentación de los niños, la Fundación Querer organiza un taller formativo, destinado a familias, el próximo sábado, 10 de febrero. «Daremos herramientas para hacer de la comida un momento agradable«, señala Mora. El curso dará protagonismo a la parte práctica y experimental: «Voy a llevar una serie de alimentos para experimentar desde todos los sentidos y lo compararé con el problema a nivel sensorial de cada niño. De esta forma, los padres podrán experimentar y comprender las dificultades de sus hijos y ponerse por un día en su piel», señala la terapeuta ocupacional.

La relación entre los sentidos y la alimentación

Las dificultades en el procesamiento sensorial pueden estar presentes tanto en niños con o sin una discapacidad intelectual. No obstante, se trata de una problemática recurrente en niños con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o Trastorno del Espectro Autista (TEA). «Los niños con autismo suelen tener dificultades en el procesamiento sensorial y son altamente sensibles a todos los estímulos del exterior», explica Mora.

Estas dificultades de procesamiento sensorial pueden estar relacionadas con uno o varios sentidos:

  • Tacto: texturas de los alimentos: «Habrá alimentos que el niño no toque ni coma porque le den asco y aumente su nivel de alerta».
  • Vista: forma y tamaño, entre otras variables: «Son niños que, si les cambias la forma o el tamaño no se lo van a comer porque piensan que es otra cosa».
  • Olfato: si lo que olemos es llamativo o seguro para nuestro paladar: «Algunos niños tienen aversión a ciertos olores o, al contrario, huelen todo durante mucho tiempo».
  • Gusto: las sensaciones que nos dan los alimentos a través del sabor: «Hay niños que, por ejemplo, quieren comer todo con especias fuertes o salsas y otros que lo quieren soso».
  • Oído: según los alimentos sean muy duros o blandos, al masticarlos, pueden ser más o menos ruidosos: «Algunos niños se sienten especialmente atraídos por los alimentos crujientes».

Evaluación e intervención profesional

Trabajar la integración sensorial será clave para favorecer la alimentación y que el niño no rechace ciertos alimentos. Para intervenir estas dificultades se hace imprescindible la labor del terapeuta ocupacional especializado en integración sensorial y problemas de alimentación. Este profesional realizará primero una evaluación: «Cada niño es diferente y tienes que mirar si es problema de procesamiento sensorial o de otra rama».

  • Hiperresponsivo: poseen un umbral bajo de respuesta, por lo que su nivel de alerta aumenta mucho cuando se les presenta la hora de comer: «Son niños que comen cosas muy restringidas, muy quisquillosos, incluso si les cambias una marca de yogurt por otra lo notan y no se lo comen».
  • Hiporresponsivo: poseen un umbral más alto y muestran indiferencia o no responden a estímulos sensoriales. En el ámbito de la comida, son niños que, «cuando comen, se dejan restos de comida por la boca, se manchan mucho y no se dan cuenta de ello».

El terapeuta ocupacional diseñará un plan de intervención individualizado para ir introduciendo distintos alimentos de manera paulatina y motivante para el niño. «Partimos siempre de la motivación del niño, mediante juegos y actividades interesantes para él. Lo que queremos conseguir es que el momento de la comida sea un momento agradable para él», explica Mora. Durante este proceso, los terapeutas pueden utilizar utensilios sensoriales, como tenedores de animales, aparatos de vibración o palillos con temática infantil: «Todo lo relacionado con la motivación del niño en cada caso».

Utensilios sensoriales

El trabajo en casa, imprescindible

La intervención profesional puede «llevar mucho tiempo», tal y como asegura la terapeuta ocupacional: «Depende del niño y de las restricciones que tenga, pero normalmente, hasta que se regula y empiezan a verse cambios, suele ser entre 6 y 9 meses». El trabajo debe después generalizarse al resto de espacios, tanto su casa como el comedor del colegio y, en una fase más avanzada, restaurantes.

Sin embargo, las familias no suelen disponer de herramientas para afrontar estas situaciones, tal y como señala la terapeuta ocupacional: «Se ponen muy nerviosos y demandantes porque su hijo no come, es muy quisquilloso con el tema de las comidas o solamente come una marca, por ejemplo, y vienen con mucha ansiedad. Necesitan recibir una serie de pautas para aprender a abordar estas dificultades»

Para abordar esta problemática en casa, Mora recomienda, de forma previa al momento de la comida, «realizar una actividad que regule al niño antes, como trepar, saltar…. También anticiparle que va a empezar a comer en un tiempo determinado. Además, el niño tiene que ayudar a los padres a poner la mesa para que sean partícipes directos de la actividad y, en el momento de servir la comida, es mejor hablar de otros temas no relacionados con los alimentos». Por otro lado, aconseja comer en «un espacio tranquilo y agradable para el niño, sin distractores como pantallas y que cuando pruebe un alimento no le pregunten si está rico para no agobiarle».

‘Taller de alimentación II: Un Festín Sensorial’

En esta línea, Eva Mora impartirá el próximo sábado, 10 de febrero un taller práctico a familias de niños con dificultades en la alimentación. «Exploraremos los alimentos a través de todos los sentidos, aprenderemos a dominar las fases preparatorias para disfrutar de la comida al máximo, también a preparar el espacio y los utensilios adecuados. Además, descubriremos herramientas sensoriales que facilitarán la experiencia de texturas al comer y daremos estrategias que brindarán seguridad y flexibilidad en la alimentación de sus hijos», explica.

Intervenir estas dificultades desde casa es esencial, señala Mora, para que «el niño tenga una alimentación saludable y mejore la calidad de vida de la familia, que tendrá menos estrés y agobios porque esto repercute en todas sus tareas del día a día».

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