Durante la segunda guerra mundial, una mujer noruega sufrió terribles heridas en la cabeza cuando fue alcanzada por la metralla. Posteriormente, desarrolló un acento alemán, a pesar de que nunca había salido de Noruega: los comerciantes se negaron a servirla y fue acusada de ser colaboradora nazi. El caso revela los efectos traumáticos del síndrome de acento extraño, causado por daños en las áreas del cerebro que controlan la anatomía vocal. Cox, profesor de ingeniería acústica, dice que también muestra hasta qué punto «la voz se encuentra en el corazón de nuestra identidad».

Llena de ideas y pruebas notables de la investigación científica actual, la encuesta iluminadora de Cox lleva al lector a un viaje fascinante desde el pasado lejano y hacia el futuro del habla. Comienza con vocalizaciones simples como las utilizadas por otros animales para advertir sobre el peligro o atraer a una pareja. Maravillosamente, Darwin creía que había un protolenguaje cantado, uno similar al canto de los pájaros. Pero «el lenguaje es lo que nos hace humanos» y su aparición hace unos 200,000 años se debió a la capacidad cognitiva mejorada del Homo sapiens. Según Cox, «hablar y escuchar son algunas de las tareas más complejas que nuestro cuerpo y mente tienen que realizar». Él revela la verdadera maravilla de estas habilidades que todos damos por sentado, desde la etapa más temprana de la vida (los fetos pueden escuchar en el útero desde las 24 semanas, su frecuencia cardíaca aumenta cada vez que escuchan la voz de su madre), hasta cómo nuestra «identidad vocal» revela quiénes somos y cómo el habla interna nos permite tener una conversación con nosotros mismos.

Cuando Thomas Edison grabó «Mary Had a Little Lamb» y lo reprodujo en diciembre de 1877, era la primera vez que la gente podía escuchar cómo hablaban. Edison había querido grabar las últimas palabras de familiares moribundos. La próxima tecnología que impactará nuestra identidad oral como especie será la inteligencia artificial. La IA ya ha hecho posible un «chatbot conmemorativo» que simula la conversación con una persona que ya no está viva. Pero si, como argumenta Cox, el lenguaje y el habla son clave para nuestra humanidad, entonces el amanecer de las máquinas que realmente pueden hablar no solo revolucionará el habla y la escucha: pueden cambiar nuestra visión de nosotros mismos como especie.

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