Que dice la ministra Celaá que no entiende por qué hay tanta alarma con la vuelta al cole. Que sospecha que esta inquietud generalizada, que considera “excesiva”, está  suscitada “por mucho movimiento político y mediático”. Y lanza la petición así, en abstracto, de que no se cargue a las familias con más preocupación.

https://www.telecinco.es/informativos/sociedad/celaa-vuelta-cole-alarma-excesiva-coronavirus_18_3001170084.html

Respiro hondo. No sé por ni por dónde empezar, así que lo haré por el principio: no pertenezco a ningún partido político o lobby mediático.  De hecho, me estoy acostumbrando a cuestionar cada vez más mis propios principios ideológicos, esos de los que hace 20 años no hubiera dudado ni un segundo (será la vejez, oye). Y sí, como la mayor parte de la población, estoy alarmada ante esta vuelta al cole. Lo estoy como ciudadana, como médica y como madre; pero muy particularmente como madre de un niño con necesidades educativas especiales.

En estos últimos meses de caos, las familias de niños con trastornos del neurodesarrollo hemos tenido experiencias de lo más dispares. Estamos quienes hemos sido afortunados y hemos visto a nuestros hijos florecer, cognitiva y emocionalmente, durante este confinamiento. Niños que han aprendido a aprender, sin la presión de compararse, sin sentirse menos que unos compañeros que con menos esfuerzo que ellos avanzan más. Pero para que un niño con necesidades educativas especiales pueda progresar de esa manera, su familia debe dedicarle muchos recursos (en tiempo, en dinero, en información). Recursos de los que la mayor parte de familias carecen.

 

«para que un niño con necesidades educativas especiales pueda progresar de esa manera, su familia debe dedicarle muchos recursos (en tiempo, en dinero, en información). Recursos de los que la mayor parte de familias carecen.»

 

 

Me tortura pensar que somos unos privilegiados, y que la mayor parte de niños como mi hijo no han tenido durante este confinamiento la misma suerte que él. Muchos, muchísimos niños han experimentado un gran retroceso. Meses sin terapias, familias desbordadas en situaciones económicas más que precarias y sin una capacidad real de conciliación. Meses sin recibir atención educativa, sin socializar, sin trabajar en sus habilidades de autonomía personal.

Hay quien dice que el COVID nos ha pillado tan de sorpresa que ha generado un desbordamiento insólito de los recursos. Yo no estoy del todo de acuerdo: creo que el COVID ha puesto de manifiesto las carencias que ya existían antes y que muchos se esforzaban en esconder bajo la alfombra. Carencias de unos sistemas sanitario y educativo infradotados, sacados adelante con el sacrificio y la vocación de unos profesionales a menudo frustrados. Carencias en el sistema de protección a las miles de familias en situación de adversidad con niños con discapacidad a quienes –ya antes- las entidades públicas ofrecían unos recursos terapéuticos escasísimos y que ahora se ven sin ellos. Para variar, los más perjudicados de todo esto son quienes ya eran más vulnerables.

Los niños con necesidades educativas especiales preocupan mucho, pero mucho, a nuestros gobernantes. Así lo han hecho saber en comparecencias, entrevistas y declaraciones varias: para los niños con dificultades de aprendizaje la educación presencial es insustituible, aseveran. Ministerio y autonomías han desarrollado un protocolo con medidas como la obligatoriedad de las mascarillas, la toma de temperatura  y los geles hidroalcohólicos en cada aula (seis meses para pensar todo esto, hurra por nuestros gestores). Además se contempla una reducción de ratio. Bien por ello: tener una ratio de 25 alumnos por aula en infantil y Primaria, con pandemia o sin ella, es demencial; ya que es absolutamente imposible que un solo profesor pueda dar a todos esos niños una atención educativa individualizada y de calidad. Pero desdoblar aulas implica que harán falta más profesores, ¿no? Y si no hay contrataciones (o las hay en menor número del necesario), ¿cómo lo podemos hacer? Pues planteando que las aulas sean “grupos burbuja” aislados, en los que un solo profesor imparta todas las asignaturas,  y poniendo a los especialistas (por ejemplo, los de música, idiomas, educación física…) a tutorizar esas nuevas aulas que se crean con el  desdoblamiento en lugar de impartir las asignaturas en las que están especializados.

En la Comunidad Valenciana, donde nosotros vivimos, la Conselleria de Educación que dirige Vicent Marzà ha decidido que, como los de Pedagogía Terapéutica (PT) y Audición y Lenguaje (AL) también son “profesores especialistas”, pueden asumir labores de tutoría a tiempo completo si el centro lo requiere. Resumen: el plan maestro de nuestros gobernantes incluye que cada centro pueda decidir quitar a PTs  y ALs de su función especializada, que es dar apoyo a los niños con dificultades de aprendizaje. ¿No te lo crees? Al principio yo tampoco, pero esos medios de comunicación que según la ministra se dedican a alarmar me han sacado de dudas:

https://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2020/07/02/5efd967c21efa0941d8b45ec.html

https://cadenaser.com/emisora/2020/07/19/radio_valencia/1595164169_131581.html

Alguien debería decirles a estos políticos tan alejados de la realidad que para nuestros hijos los apoyos educativos no son un “extra”, sino que los necesitan para desarrollarse. Un niño neurotípico puede estar durante un curso tan excepcional como este recibiendo clases de música por parte de un docente no especializado en esta materia sin que esto repercuta especialmente en su neurodesarrollo. Pero dejar a un niño con discapacidad sin apoyos especializados durante más de un año puede condicionar toda su vida, así, tan crudo como suena. En algo estamos de acuerdo la señora ministra y yo: la educación presencial de nuestros hijos con NEE es insustituible. Pero también lo es la atención especializada, porque sin ella nuestros hijos NO APRENDEN, no se desarrollan, no avanzan. La PT y la AL no son negociables, no son recursos “reubicables” en función de las circunstancias. Son esenciales, absolutamente vitales para nuestros hijos.

La ministra no me leerá, como tampoco escuchó a los miles de familias y docentes de la Educación Especial que protestaron por la aprobación de la polémica LOMLOE (más conocida como “Ley Celáa”) durante un estado de alarma y un confinamiento que impedía a los sectores afectados ejercer su derecho a la réplica. En la citada ley, la ministra propone desarrollar “un plan para que en el plazo de diez años” se logre “incorporar a niños con cierta diversidad funcional” en colegios ordinarios “estableciendo recursos para ello”.

https://www.lavanguardia.com/vida/20190223/46631577835/padres-profesores-y-alumnos-de-educacion-especial-protestan-hoy-contra-el-cierre-de-estos-centros.html

 

«En la citada ley, la ministra propone desarrollar “un plan para que en el plazo de diez años” se logre “incorporar a niños con cierta diversidad funcional” en colegios ordinarios “estableciendo recursos para ello”.»

 

Si los escasísimos recursos humanos que hay ahora en PT y AL en los centros ordinarios los consideran “reconvertibles”, si piensan que con mencionar a nuestros hijos en declaraciones de prensa buenistas ya lo tienen todo hecho, si para ellos tener a un niño con NEE sentado en un aula sin recibir apoyos es inclusión… permítanme entonces que exprese mi escepticismo respecto a las buenas intenciones de la ministra Celáa y de los consejeros autonómicos que apoyan estos despropósitos cuyo leitmotiv bien podría ser: “todo para la comunidad educativa, pero sin la comunidad educativa”.

A muchas familias ya se les ha comunicado que su hijo este año no tiene apoyos. Muchas otras, a un fin de semana de empezar el cole, todavía no lo saben. La COVID como excusa para reducir recursos, qué perverso me parece todo. Pero nada, será que estoy mediatizada por la prensa.

Con su permiso, voy a tomarme una tila doble. Feliz (o mejor, no alarmante) vuelta al cole.

 

Doctora Elena Benítez Cerezo
Médico Psiquiatra – Hospital Universitario Virgen de la Salud (Elda)

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