- El CEO de Srta Templeton, Marcos Cañas, pone de manifiesto el coste empresarial de no tener en cuenta a perfiles neurodivergentes.
- La investigación en enfermedades neurológicas infanto-juveniles es esencial para poder establecer políticas sanitarias, educativas y sociales y prevenir el avance de muchas enfermedades neurodegenerativas, afirma José Luis Puche, director de la Fundación Querer
Cada 28 de febrero se conmemora el Día Internacional de las Enfermedades Raras, una fecha que sitúa en la agenda pública una realidad médica y social que afecta a millones de personas en todo el mundo. En ese marco se inscribe la nueva campaña impulsada por la Fundación Querer, una propuesta que decide alejarse del dramatismo habitual para apostar por un lenguaje de acción. Bajo el concepto “Se buscan hackers”, la iniciativa creativa desarrollada por la agencia SRTA Templeton convierte la investigación en enfermedades neurológicas infantiles en una llamada directa a la implicación colectiva.
El origen de la idea parte de una observación médica concreta. “La mayoría de las enfermedades raras afectan al sistema nervioso. A partir de ahí lo convertimos en una idea simple y potente: si ellas ‘atacan’ el sistema nervioso, nosotros vamos a ‘hackear’ el sistema”, explica Marcos Cañas, CEO de la agencia y creador de la campaña.
Ese giro conceptual permitió construir un lenguaje contemporáneo, energético y reconocible, alejándose deliberadamente del tono victimista habitual en la comunicación social. “Pasamos de pedir compasión a pedir complicidad”, resume Cañas. En lugar de situar al público como espectador emocional, la campaña lo interpela como parte activa de la solución. De ahí la elección del término hacker, asociado culturalmente a la capacidad de comprender sistemas complejos y repararlos desde dentro. “No estás pidiendo ayuda: estás reclutando talento”, añade.
Toda la ejecución creativa responde a esa lógica. El mensaje se condensa en piezas breves, directas, sin recrearse en el dolor y con un tono de acción sostenida. El objetivo no es únicamente sensibilizar, sino provocar un gesto concreto: colaborar económicamente con la investigación. “Es emoción con salida: te conmueve, pero sobre todo te mueve”, explica Cañas.
La decisión de evitar el dramatismo fue central en el proceso creativo. El uso de un lenguaje activo —“buscamos”, “hackeamos”, “ahora nos toca a nosotros”— construye un relato de intervención colectiva en lugar de sufrimiento pasivo. Incluso la estética sonora y visual, inspirada en códigos digitales como el glitch o el tecleo, refuerza la idea de sistema intervenido desde dentro. El resultado es una campaña que se aproxima más a la cultura tecnológica que al imaginario clásico de la beneficencia.
Ese enfoque dialoga directamente con la naturaleza del problema que aborda. Las enfermedades neurológicas infanto-juveniles no son una abstracción, sino realidades que afectan a niños y adolescentes en pleno desarrollo. Situarlos en el centro del relato era, para el equipo creativo, una decisión ética y narrativa. “No estamos hablando de un problema abstracto: hablamos de futuro, de vida por delante, de oportunidades”, señala Cañas.
La investigación, clave
Para Fundación Querer, la campaña representa además una herramienta tangible de transformación. Su director, José Luis Puche, sitúa la iniciativa dentro de una estrategia más amplia de visibilización y financiación científica. La clave está, dice, en comprender que la investigación no es un gasto, sino una inversión social y económica: “La investigación en enfermedades neurológicas infanto-juveniles es esencial para poder establecer políticas sanitarias, educativas y sociales acordes con las necesidades reales de nuestra sociedad, promocionar una mejor calidad de vida para todos y prevenir el avance de muchas enfermedades neurodegenerativas”, señala.
El mes de las enfermedades raras es, explica, “una nueva oportunidad de hacer visibles estas enfermedades, de mostrar públicamente la necesidad de invertir más en investigación médica y educativa y de derribar la barrera del estigma que viven muchas familias”.
Ese esfuerzo investigador se sostiene, además, sobre un modelo singular de financiación. Fundación Querer ha impulsado más de diez proyectos científicos en una década sin financiación pública, gracias a la concienciación social y a la colaboración de profesionales, hospitales, universidades y empresas. “Esto se ha conseguido gracias a la concienciación social”, afirma Puche, subrayando el papel que pueden desempeñar también las organizaciones privadas en el avance científico.
La urgencia no es retórica. La fundación ha logrado impulsar más de diez proyectos científicos en una década sin financiación pública, gracias a la concienciación social y a la colaboración profesional y empresarial. “Esto se ha conseguido gracias a la concienciación social”, afirma Puche. En ese contexto, una campaña capaz de movilizar atención y recursos no es solo comunicación: es infraestructura científica indirecta.
También por eso la implicación de SRTA Templeton adquiere un significado especial. La agencia ha desarrollado la campaña de forma pro-bono, poniendo creatividad, estrategia y producción al servicio de la causa. En palabras de Cañas, la publicidad en causas sociales debe aportar tres elementos esenciales: “traducción, atención y acción”. Traducir la complejidad científica a una idea comprensible, captar la mirada en un entorno saturado y activar colaboración real, siempre bajo principios de respeto, verdad y claridad.
La campaña busca, en última instancia, dejar una idea nítida en la sociedad. Para Puche, esa idea es que la investigación en enfermedades neurológicas infanto-juveniles resulta esencial no solo para mejorar la calidad de vida de los pacientes, sino también para orientar políticas sanitarias, educativas y sociales y prevenir otras patologías neurodegenerativas.
En ese cruce entre creatividad publicitaria, ciencia y compromiso social se sitúa el verdadero alcance de “Se buscan hackers”. La campaña no pretende conmover durante unos segundos, sino alterar la manera en que la sociedad se relaciona con la enfermedad, la investigación y la responsabilidad compartida. Cambiar el marco, en definitiva, para que ayudar deje de ser un gesto pasivo y se convierta en una forma de participación activa.
Porque, cuando la comunicación logra transformar la mirada, también puede transformar la realidad. Y ahí es donde una campaña deja de ser solo publicidad para convertirse en parte del sistema que intenta, precisamente, hackear.












