Los científicos investigan la relación entre el desarrollo temprano del cerebro y trastornos como el autismo

Un proyecto utilizará datos clínicos y modelos de tejido cerebral desarrollados en laboratorio para buscar posibles nuevas terapias.

Oscar Marín, profesor de Neurobiología del King’s College de Londres y director del proyecto, participa en  las VII Jornadas Neurocientíficas y Educativas de Fundación Querer, que se celebrarán los próximos 17 y 18 de noviembre en Madrid.

Traducción al español del artículo de Michael Peel publicado en Financial Times el 23 de octubre de 2026.

Un grupo de científicos ha puesto en marcha en Reino Unido un proyecto de investigación dotado con 50 millones de libras que pretende descubrir cómo se relaciona el desarrollo temprano del cerebro con trastornos que van desde la epilepsia hasta el autismo, abriendo así la puerta a posibles tratamientos.

La iniciativa, financiada por el Consejo de Investigación Médica británico (Medical Research Council), utilizará datos clínicos de pacientes e investigaciones de laboratorio para identificar patrones típicos y atípicos del desarrollo cerebral, desde la etapa fetal hasta la infancia.

La colaboración, denominada Centro de Excelencia en Investigación del Desarrollo Neural Humano (Centre of Research Excellence for Human Neural Development), aspira a transformar nuestro conocimiento sobre la neurología en las primeras etapas de la vida y a identificar posibles terapias que puedan aplicarse antes de que las dificultades del neurodesarrollo más incapacitantes se consoliden.

«La raíz del problema es que, en realidad, sabemos muy poco sobre lo que ocurre durante el desarrollo temprano del cerebro humano», explica Oscar Marín, profesor de Neurobiología del King’s College de Londres y director del proyecto.

«El objetivo fundamental es intentar descifrar qué significan realmente, en términos de desarrollo cerebral, las señales que podemos medir desde etapas muy tempranas en bebés prematuros y recién nacidos», explica Marín.

Óscar Marín será también uno de los protagonistas de las VII Jornadas Neurocientíficas y Educativas de Fundación Querer, que se celebrarán los próximos 17 y 18 de noviembre en Madrid. El investigador participará en una mesa dedicada a la relación entre neuroplasticidad, emoción, atención y aprendizaje, en un encuentro que reunirá a destacados especialistas nacionales e internacionales para analizar los últimos avances en neurodesarrollo y su aplicación en la educación y las terapias.

El King’s College colaborará con la Universidad de Manchester y el University College de Londres en una investigación que tendrá una duración inicial de siete años, con la posibilidad de prolongarse otros siete. Ambas etapas quedarían cubiertas por la financiación de 50 millones de libras.

Según Marín, la investigación del centro consistirá en una especie de ejercicio de cartografía destinado a relacionar «lo que podemos medir en un niño vivo con lo que medimos en el laboratorio».

Para ello, se compararán imágenes de las neuronas encargadas de transmitir información en el cerebro infantil con datos obtenidos de muestras de tejido biológico diseñadas para reproducir el desarrollo de este órgano.

Marín añade que el análisis apoyado en inteligencia artificial ayudará a relacionar los resultados e identificar patrones.

Entre los objetivos de la investigación figura comprender los mecanismos biológicos que explican cómo determinados trastornos cerebrales de aparición temprana evolucionan hasta dar lugar a diagnósticos de autismo que requieren que las personas reciban apoyo en su vida cotidiana.

Falta de oxígeno y problemas futuros

Los científicos también estudiarán las posibles relaciones entre la falta de oxígeno en el cerebro de los bebés prematuros —un fenómeno conocido como hipoxia— y las dificultades cognitivas que pueden aparecer posteriormente.

Los investigadores utilizarán cultivos biológicos de tejido cerebral conocidos como organoides, desarrollados a partir de un tipo de células madre capaces de transformarse en otros tipos celulares.

Los cambios estructurales, eléctricos y químicos que se producen en las neuronas de estos organoides podrán analizarse de forma aislada o estudiarse después de trasplantarlos a ratones. En este último caso, los resultados podrán contrastarse con el comportamiento de los animales.

Tomoki Arichi, profesor del King’s College y especialista en discapacidad neurológica pediátrica en el Evelina London Children’s Hospital, considera que el proyecto tiene potencial para arrojar luz sobre una enorme variedad de problemas.

Entre ellos figuran las dificultades de aprendizaje y los trastornos psiquiátricos de aparición temprana, así como las posibles relaciones entre el desarrollo cerebral y trastornos como la esquizofrenia y la depresión en etapas posteriores de la vida.

«Hay un número enorme de niños con dificultades neurológicas crónicas, pero también con otros problemas relacionados con la cognición, el comportamiento y muchas otras cuestiones», señala. «Con una iniciativa de este tipo podemos conseguir avances realmente importantes».

Otros especialistas, como Emily Jones, profesora de Neurociencia del Desarrollo en el King’s College, también participarán estrechamente en el proyecto.

La posibilidad de reproducir y mantener en otros organismos los procesos de desarrollo del cerebro humano constituye desde hace tiempo uno de los principales objetivos de la investigación en este campo. Esto permitiría comprender mejor las relaciones entre la actividad neuronal y las acciones físicas.

En septiembre, científicos estadounidenses dieron a conocer cómo habían modificado genéticamente el cerebro de ratones para permitir que el tejido cerebral humano pudiera implantarse y desarrollarse en ellos.

Observaron que los roedores a los que se había implantado tejido cerebral humano y que habían sido expuestos a situaciones de falta de oxígeno caminaban con mayores dificultades que aquellos que no habían sido modificados.