Carlos Portera-Cailliau es profesor en la University of California, Los Angeles (UCLA)
Carlos Portera-Cailliau es neurólogo e investigador en neurociencia, profesor en la University of California, Los Angeles (UCLA) y uno de los referentes internacionales en el estudio de los circuitos cerebrales en trastornos del neurodesarrollo. Su trayectoria se ha centrado en investigar las bases neuronales del autismo y el síndrome de X frágil, combinando modelos animales, técnicas avanzadas de registro neuronal y un enfoque traslacional orientado a abrir nuevas vías terapéuticas.
Pregunta. ¿En qué punto se encuentra la investigación en neurodesarrollo?
Respuesta. Estamos en un momento muy interesante y optimista. Por primera vez estamos empezando a descubrir con detalle las diferencias que existen en los circuitos del cerebro en enfermedades del neurodesarrollo. En mi caso, trabajo con el síndrome de X frágil, que comparte muchas características con el autismo, y utilizamos modelos animales para estudiar síntomas concretos, como la hipersensibilidad sensorial o problemas de percepción.
P. ¿Cómo se analizan esos síntomas a nivel cerebral?
R. Lo que hacemos es registrar la actividad de los circuitos neuronales implicados en esos comportamientos y comparar un cerebro típico con el de un modelo de autismo. Una vez identificamos las diferencias, intervenimos directamente sobre esos circuitos, incluso a nivel de neuronas individuales, para intentar restaurar su funcionamiento. Y hemos comprobado que, en modelos de síndrome de X frágil, es posible mejorar los síntomas.
P. ¿Estamos cerca de trasladar estos avances a los pacientes?
R. Hay muchas compañías farmacéuticas interesadas en desarrollar fármacos que reproduzcan estos efectos sobre los circuitos cerebrales. Ya se están impulsando ensayos clínicos en autismo, y creo que en pocos años veremos más avances y, probablemente, resultados positivos.
P. ¿Por qué el cerebro ha sido más difícil de estudiar que otros órganos?
R. Porque es extremadamente complejo. No tiene nada que ver con otros órganos como el riñón o el pulmón. Durante décadas, los grandes avances médicos se han centrado en cáncer, enfermedades cardiovasculares o del sistema inmune. Pero ahora, gracias a la inversión y al desarrollo de nuevas herramientas, estamos empezando a avanzar muy rápido también en el cerebro.
P. ¿Qué ha cambiado en los últimos años?
R. Sobre todo la tecnología. Hoy contamos con herramientas que no existían hace 20 años para estudiar los circuitos neuronales. Eso está permitiendo que los descubrimientos se produzcan a una velocidad vertiginosa, y por eso soy tan optimista respecto al futuro.
P. ¿Cómo vive el reconocimiento a su trabajo?
R. Es muy emocionante. Los científicos trabajamos muchas veces de forma bastante aislada, en laboratorios, y nuestro trabajo lo leen sobre todo otros científicos. Recibir un reconocimiento así, para mí, que vivo en Los Ángeles, es casi como ganar un Oscar. Es una enorme satisfacción.