“De un diente de leche podemos obtener neuronas para entender y tratar enfermedades del cerebro”

Salvador Martínez, catedrático de Anatomía y Embriología Humana en la Universidad Miguel Hernández y director del Instituto de Neurociencias (CSIC-UMH)

Salvador Martínez es neurocientífico y médico, catedrático de Anatomía y Embriología Humana y uno de los referentes en investigación sobre desarrollo cerebral y enfermedades del sistema nervioso. Dirige grupos de investigación centrados en neurogénesis y modelos celulares de enfermedades neurológicas, con una trayectoria orientada a trasladar el conocimiento básico a aplicaciones clínicas.

Pregunta. ¿En qué consiste el proyecto que ha presentado?

Respuesta. Llevamos años trabajando en un proyecto que consiste en obtener dientes de leche de niños con trastornos del neurodesarrollo, generalmente asociados a enfermedades poco frecuentes. A partir de ese diente, que es suficiente, podemos hacer un cultivo celular y derivar neuronas con las características de la enfermedad. Esto nos permite tener un modelo celular que reproduce las alteraciones del paciente en el laboratorio.

P. ¿Qué aporta este modelo a la investigación?

R. Nos permite estudiar los mecanismos de la enfermedad: qué le ocurre a esas neuronas para que no funcionen correctamente. Y, a partir de ahí, probar tratamientos en cultivo para ver si podemos mejorar su función. Es un paso clave para entender la causa y avanzar hacia posibles terapias.

P. ¿Podría trasladarse esto a tratamientos reales?

R. Ese es el objetivo. Si identificamos un tratamiento que mejora la función neuronal en cultivo, podemos avanzar hacia modelos animales más complejos y, eventualmente, plantear ensayos clínicos en pacientes.

P. Ha mencionado también la posibilidad de una medicina más personalizada.

R. Exacto. Estamos trabajando con neuronas derivadas de cada individuo, lo que nos permite ver qué tratamiento funciona específicamente en ese paciente. Si ese efecto se repite en otros casos con el mismo diagnóstico, podemos plantear estrategias terapéuticas más amplias.

P. ¿Qué valor tiene que este proceso parta de algo tan cotidiano como un diente de leche?

R. Es una técnica no invasiva. El diente de leche se cae de forma natural, no supone ningún problema para el niño ni para la familia, y a partir de ahí podemos obtener información muy valiosa. Es una manera sencilla de acceder a modelos celulares complejos.

P. Más allá de este proyecto, ¿cuál es el gran reto de la neurociencia?

R. Entender el cerebro. Es la gran frontera del conocimiento. Todo lo que somos —nuestras emociones, pensamientos, decisiones— depende de este órgano. Comprender sus bases biológicas es el gran desafío del futuro.

P. ¿Qué papel jugará la tecnología en ese camino?

R. La inteligencia artificial es una herramienta más que, bien utilizada, nos ayudará a avanzar. No es algo completamente nuevo, pero sí han cambiado la capacidad de procesamiento y el volumen de datos. Eso sí, también hay límites, como el impacto energético. Pero, en general, el ser humano ha sabido aprovechar la tecnología para mejorar.

P. Ha hecho también una reflexión sobre el conocimiento y la cultura.

R. Sí, porque el cerebro humano no ha cambiado estructuralmente en miles de años. Lo que ha cambiado es la cultura. La inteligencia humana ha evolucionado gracias a la capacidad de compartir, intercambiar y convivir. Y eso es, precisamente, lo que ocurre en encuentros como este.

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