Las vacaciones de verano son una oportunidad para descansar, compartir tiempo en familia y disfrutar de nuevas experiencias. Sin embargo, cuando hay un niño con un trastorno del neurodesarrollo o discapacidad intelectual, los cambios de rutina, los entornos desconocidos o el exceso de actividades pueden hacer necesaria una mayor planificación.
No existe una fórmula única para unas vacaciones exitosas, ya que cada niño tiene necesidades, intereses y fortalezas diferentes. Por ello, es recomendable optar por propuestas sencillas, anticiparlas cuando sea posible y adaptarlas a su edad, ritmo y características. Las veinte actividades que se presentan a continuación son ideas para fomentar el disfrute, el aprendizaje y la participación en familia, siempre desde un enfoque flexible y respetuoso con las necesidades de cada niño. Estas propuestas no sustituyen la intervención profesional, sino que pretenden facilitar momentos de ocio compartido y enriquecedor durante el verano.
1. Convertir el paseo en una expedición
Salir a caminar puede resultar poco atractivo si el único objetivo es llegar hasta el final. En cambio, el paseo cambia cuando se convierte en una misión.
Se puede preparar una lista con dibujos o fotografías y buscar cinco hojas diferentes, tres animales, una piedra redonda, una puerta de un determinado color o varias señales de tráfico. También se pueden fotografiar objetos y reunirlos después en un pequeño álbum.
El contacto con espacios verdes se ha relacionado con beneficios para el bienestar, la actividad física y determinados procesos de atención. Algunas revisiones han encontrado asociaciones positivas entre la exposición a la naturaleza y el comportamiento infantil, aunque estos paseos deben entenderse como una actividad saludable, no como un tratamiento.
2. Organizar una búsqueda del tesoro
Una búsqueda del tesoro puede realizarse en casa, en el jardín, en un parque o incluso durante un viaje.
Las pistas pueden escribirse, dibujarse o presentarse mediante fotografías. Para los niños que necesitan instrucciones más claras, resulta útil dividir la actividad en pasos breves y señalar visualmente qué deben buscar primero.
Además de ser divertida, esta propuesta permite trabajar la atención, la comprensión de instrucciones, la memoria y la resolución de pequeños problemas.
No es necesario convertirla en una competición. También puede organizarse como una misión conjunta en la que toda la familia busca el mismo tesoro.
3. Preparar juntos una receta
Cocinar permite trabajar muchas habilidades sin que la actividad parezca un ejercicio escolar.
Una macedonia, unas brochetas de fruta, una pizza, un batido o unas galletas sencillas pueden prepararse siguiendo una secuencia de fotografías.
Reunir los ingredientes.
Lavar o cortar.
Mezclar.
Cocinar o enfriar.
Recoger.
Es importante asignar tareas seguras y adaptadas a la edad. Un niño puede pesar los ingredientes, otro remover y otro colocar la fruta.
La cocina favorece la autonomía, la coordinación, la comprensión de cantidades y la capacidad de seguir una secuencia. También puede ser una manera gradual y sin presión de acercarse a alimentos nuevos, aunque nunca se debe obligar a probarlos.
4. Crear un diario de experiencias
Un diario no tiene que estar lleno de textos. Puede incluir dibujos, pegatinas, fotografías, entradas de museos, hojas recogidas durante un paseo o pictogramas.
Al final del día, la familia puede elegir un momento y responder a tres preguntas sencillas:
¿Qué hemos hecho?
¿Qué me ha gustado?
¿Qué no me ha gustado?
El diario ayuda a recordar, ordenar experiencias y expresar preferencias. En algunos niños también puede facilitar la conversación sobre emociones o acontecimientos recientes.
Lo importante es que no se convierta en una obligación ni en una ficha de deberes. Una sola imagen puede ser suficiente para contar un día entero.
5. Elegir museos pequeños y visitas cortas
Un museo no tiene por qué recorrerse completo. Para algunos niños, veinte o treinta minutos bien aprovechados son preferibles a una visita larga que termine en agotamiento.
Los museos de ciencia, trenes, animales, arqueología, transporte o naturaleza suelen permitir que los niños se acerquen a temas relacionados con sus intereses.
Antes de acudir, conviene consultar fotografías del lugar, explicar qué se va a ver y decidir de antemano qué dos o tres espacios se visitarán. También resulta útil ir en horarios con poca afluencia y localizar zonas tranquilas.
Anticipar el recorrido y evitar una programación excesiva son recomendaciones habituales para facilitar viajes y actividades a personas autistas.
6. Experimentar con agua
El agua permite organizar actividades sencillas en un patio, una terraza, una bañera o una mesa protegida.
Se pueden realizar trasvases con vasos, llenar recipientes de distintos tamaños, rescatar objetos con una cuchara, pintar con hielo coloreado o comprobar qué materiales flotan y cuáles se hunden.
Estas propuestas favorecen la exploración, la coordinación y el aprendizaje de conceptos como lleno, vacío, pesado, ligero, frío o caliente.
Algunos niños disfrutan mucho del contacto con el agua y otros lo rechazan. Nunca debe darse por supuesto que una actividad sensorial será agradable. Es mejor presentar los materiales poco a poco y permitir que el niño decida si quiere tocar, observar o alejarse.
7. Preparar una caja de exploración sensorial
Una caja puede llenarse con arroz, pasta, arena, pompones, hojas secas, piedras lisas o telas de distintas texturas. En su interior se esconden figuras, letras u objetos pequeños.
El niño puede buscarlos con las manos, con una pinza o con una cuchara. También puede clasificarlos por tamaño, forma o color.
La supervisión de un adulto es imprescindible, especialmente con niños pequeños o con tendencia a llevarse objetos a la boca.
La finalidad no es “normalizar” respuestas sensoriales, sino ofrecer una experiencia de juego que pueda ajustarse a las preferencias de cada niño.
8. Leer sin exigir que permanezca quieto
La lectura compartida beneficia el desarrollo del lenguaje, la comunicación, la alfabetización y el vínculo familiar. La Academia Americana de Pediatría recomienda adaptar estos momentos a los niños con necesidades especiales, incluidos aquellos con TEA, TDAH o dificultades del lenguaje.
Leer juntos no significa necesariamente permanecer sentados durante media hora. El niño puede escuchar mientras dibuja, manipula un juguete o se mueve cerca del adulto.
Funcionan especialmente bien los libros con ilustraciones claras, textos breves, repeticiones y argumentos relacionados con los intereses del niño. Se puede señalar una imagen, anticipar qué ocurrirá o pedir que encuentre un personaje.
Entre las lecturas que suelen facilitar la participación se encuentran La pequeña oruga glotona, de Eric Carle; ¿A qué sabe la luna?, de Michael Grejniec; Elmer, de David McKee; El punto, de Peter H. Reynolds, o Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak.
La elección debe hacerse por edad, comprensión e intereses, no únicamente por diagnóstico.
9. Montar un picnic tranquilo
Un picnic puede ser una actividad familiar sencilla si se elige un lugar con sombra, poco ruido y posibilidad de marcharse sin dificultad.
Conviene llevar alimentos conocidos, agua, una manta y algunos objetos familiares. Después de comer se pueden hacer pompas de jabón, jugar con una pelota, leer un cuento o buscar formas en las nubes.
El objetivo no tiene que ser pasar todo el día fuera. Para algunos niños, una hora agradable representa un plan mucho más exitoso que una jornada completa marcada por el cansancio.
10. Pasear en bicicleta, triciclo o patinete
La actividad física forma parte de un estilo de vida saludable y puede contribuir al bienestar, el descanso y la regulación diaria. Los CDC incluyen el movimiento y el sueño suficiente entre los hábitos importantes para evitar que las dificultades asociadas al TDAH se agraven.
El recorrido debe adaptarse a las capacidades del niño. También pueden utilizarse bicicletas con apoyos, triciclos, patinetes o circuitos cortos en un espacio seguro.
No se trata de alcanzar una distancia concreta, sino de disfrutar del movimiento. Es preferible detenerse antes de que aparezcan el agotamiento o la frustración.