Un niño que necesita moverse para concentrarse. Otro que comprende mejor una explicación cuando va acompañada de imágenes, música o esquemas visuales. Una alumna que se bloquea ante una hoja llena de texto, pero que es capaz de expresarse con enorme creatividad cuando puede hacerlo hablando, dibujando o actuando. Durante años, muchos sistemas educativos interpretaron estas diferencias como obstáculos. Hoy, cada vez más investigaciones defienden lo contrario: no se trata de bajar el nivel, sino de cambiar la forma de enseñar.
Esa es una de las principales conclusiones del informe Removing Barriers, Raising Expectations: Inclusive Strategies for Neurodiverse Classrooms, elaborado por la especialista en educación Laura Broadbent para Pearson. El documento plantea que los alumnos neurodivergentes —entre ellos estudiantes con dislexia, TDAH, trastornos del lenguaje o dificultades en funciones ejecutivas— no aprenden peor, sino de manera distinta. Y sostiene que el gran reto de la educación inclusiva no consiste en simplificar contenidos, sino en eliminar barreras para que todos los estudiantes puedan alcanzar expectativas altas.
“La enseñanza inclusiva no consiste en reducir expectativas, sino en eliminar barreras para que cada alumno tenga la oportunidad de alcanzarlas”, resume Broadbent en una de las frases centrales del informe.
El trabajo recoge evidencias de cómo el cerebro procesa la información de manera diferente en personas neurodivergentes y cómo muchas metodologías tradicionales siguen pensadas para un supuesto “alumno estándar”, aquellos estudiantes capaces de mantener la atención largos periodos, recordar instrucciones verbales complejas o demostrar todo su aprendizaje únicamente mediante textos escritos.
Sin embargo, la investigación actual en neurociencia y pedagogía apunta hacia otro camino. El informe defiende metodologías multimodales —con apoyos visuales, lenguaje oral, movimiento, música, esquemas, rutinas predecibles o aprendizaje manipulativo— capaces de reducir la sobrecarga cognitiva y favorecer la comprensión.
Un modelo en España
En España, uno de los ejemplos más claros de esta filosofía educativa es el Colegio Querer, el centro de educación especial impulsado por la Fundación Querer y especializado en alumnado con trastornos del neurodesarrollo, del lenguaje y otras dificultades neurológicas.
Lejos de asumir que aprender una segunda lengua es imposible para estos niños, el colegio ha construido precisamente un modelo que demuestra lo contrario: los alumnos aprenden inglés cuando se utilizan metodologías adaptadas a su forma de procesar el mundo.
En el Programa de Inglés del centro, el idioma no se presenta como una asignatura rígida o abstracta, sino como “una lengua viva y funcional” integrada en las rutinas diarias, el juego, los proyectos y las situaciones reales de interacción. El aprendizaje se apoya en metodologías activas y motivadoras, donde la música tiene un papel especialmente importante como herramienta facilitadora del lenguaje, la socialización y el desarrollo cognitivo.
“Cuando adaptas la forma de enseñar al perfil del alumno, ocurren cosas increíbles. Hay niños que quizá no consiguen expresarse con facilidad en otros contextos y que, sin embargo, cantando, jugando o participando en dinámicas vivenciales empiezan a utilizar palabras y estructuras en inglés con total naturalidad. El idioma deja de ser una fuente de frustración para convertirse en una herramienta de comunicación y autoestima”, explica Benjamín Pitters, profesor de inglés del Colegio Querer.
El objetivo no es únicamente aprender vocabulario o gramática, sino conseguir que el alumno viva el inglés “como un aprendizaje cercano, significativo y alcanzable”. Y eso conecta directamente con muchas de las recomendaciones del informe de Broadbent, como reducir barreras cognitivas, diversificar las formas de representación de la información y generar experiencias de aprendizaje emocionalmente seguras.
El documento insiste, de hecho, en que muchos estudiantes neurodivergentes tienen fortalezas específicas (pensamiento visual, creatividad, reconocimiento de patrones, capacidad de hiperfoco o resolución innovadora de problemas) que pueden enriquecerse mediante metodologías menos rígidas y más experienciales.
Además, el informe subraya la importancia de combinar explicaciones orales con apoyos visuales, dividir las tareas en pasos claros, utilizar materiales multimodales y ofrecer distintas maneras de demostrar el aprendizaje. Todo ello forma parte también de la lógica pedagógica que se aplica en el Colegio Querer.
La autora dedica una parte importante del informe a desmontar una idea muy extendida; la creencia de que adaptar la enseñanza supone rebajar el nivel académico. “La accesibilidad no es simplificar el aprendizaje”, sostiene el documento, sino permitir que más alumnos puedan acceder a él.
En esa línea, el texto recoge estrategias concretas que hoy utilizan muchos expertos en inclusión educativa: instrucciones simultáneamente habladas y escritas, uso de imágenes junto al texto, descansos cognitivos, espacios tranquilos para regular la sobreestimulación emocional, actividades con movimiento o evaluaciones flexibles que permitan demostrar conocimientos de distintas maneras.
Broadbent, que trabajó como profesora de inglés en países como España, Brasil o Malasia y posteriormente se especializó en dislexia y accesibilidad educativa, insiste en que la neurodiversidad no debe abordarse desde el déficit, sino desde las fortalezas y las posibilidades.