Durante las tres primeras semanas de julio, la Fundación Querer ha celebrado una nueva edición de su Campamento Terapéutico de Verano, una iniciativa que convierte las vacaciones en una oportunidad para seguir aprendiendo, desarrollándose y disfrutando en un entorno seguro, especializado y adaptado a las necesidades de cada niño. El campamento mantiene la filosofía de la entidad: demostrar que el juego y la diversión también pueden ser una poderosa herramienta terapéutica.
En esta edición han participado 23 niños y niñas de entre 4 y 15 años, acompañados en todo momento por los profesionales habituales del Centro Terapéutico de la Fundación Querer. Trabajar con grupos reducidos y homogéneos ha permitido ofrecer una atención completamente personalizada y dar continuidad, en un ambiente más relajado y motivador, al trabajo que realizan durante el curso.

Lejos de ser un campamento convencional, cada actividad está diseñada para responder a objetivos terapéuticos concretos. A través del juego se han estimulado funciones cognitivas como la atención, la memoria, la planificación o las funciones ejecutivas; se ha reforzado la comunicación y el lenguaje; se han trabajado las habilidades socioemocionales, la autonomía personal y la psicomotricidad; y se han realizado actividades de terapia ocupacional, música, integración sensorial y piscina, favoreciendo el bienestar físico, emocional y social de los participantes.
Los niños también han disfrutado de talleres creativos y experiencias que han llenado de significado cada jornada: han preparado brochetas de fruta, decorado macetas y plantado semillas que podrán ver crecer durante el verano, pintado con dedos y pinceles, participado en juegos de movimiento, disfrutado de la piscina y explorado los estímulos de la sala multisensorial. Todas estas propuestas buscan fomentar la creatividad, la participación, la interacción con los compañeros y la confianza en sus propias capacidades.

El Campamento Terapéutico de la Fundación Querer se ha consolidado como una alternativa de referencia para muchas familias, ya que permite evitar el llamado «parón de verano» y mantener la estimulación en un contexto lúdico, respetando el ritmo de cada niño y potenciando sus fortalezas.