TDL, cuando las palabras no salen

Sara Herrero, neuropsicóloga y directora del Centro Terapéutico Querer de Fundación Querer, responde a las principales preguntas sobre el trastorno del desarrollo del lenguaje (TDL): qué es, cómo identificarlo y qué apoyos pueden ayudar a los niños y a sus familias. Una dificultad del neurodesarrollo que no está relacionada con la falta de inteligencia ni de estimulación y que puede afectar al aprendizaje, las relaciones sociales y la autoestima.

¿Qué es el TDL?

El trastorno del desarrollo del lenguaje es una dificultad persistente para adquirir y utilizar el lenguaje que no se explica por una discapacidad intelectual, una pérdida auditiva o una lesión neurológica conocida. Puede afectar tanto a la comprensión como a la expresión de pensamientos, necesidades y emociones. No todos los niños presentan el mismo perfil: algunos tienen más dificultades para expresarse y otros también para comprender. Y conviene aclarar algo: no es simplemente hablar tarde. Las dificultades pueden continuar en la adolescencia y la vida adulta.

¿Cuáles son las señales de alerta?

Dependen de la edad. En los primeros años podemos observar un vocabulario reducido, dificultades para combinar palabras o para entender instrucciones sencillas. En Educación Infantil, frases poco estructuradas, errores gramaticales frecuentes o problemas para contar experiencias. En Primaria, dificultades para comprender explicaciones, incorporar vocabulario o narrar historias. Y en la adolescencia pueden aparecer obstáculos con el lenguaje abstracto, la organización del discurso y la expresión precisa de ideas. Estas señales no significan por sí solas que exista TDL, pero, si persisten, recomiendo solicitar una valoración profesional.

¿A cuántos niños afecta?

Se estima que afecta aproximadamente al 7 % de los niños en edad escolar, aunque la cifra depende de los criterios y las poblaciones estudiadas. Para hacernos una idea, en una clase de 25 alumnos podría haber estadísticamente uno o dos niños con TDL. Aun así, sigue siendo relativamente poco conocido y puede pasar desapercibido.

¿Cómo afecta al aprendizaje y a la vida cotidiana?

El lenguaje es fundamental para aprender, relacionarnos y ganar autonomía. Por eso, las dificultades pueden ir más allá de hablar: hay niños que tienen problemas para aprender a leer, comprender textos, seguir explicaciones o demostrar lo que saben. También pueden encontrar barreras en las conversaciones, al expresar emociones o al explicar lo que necesitan. En algunos casos aparecen frustración, inseguridad o baja autoestima. No les ocurre a todos, pero es importante comprender que la intervención debe ir más allá de enseñar palabras.

¿Qué causa el TDL?

No conocemos una causa única. Sabemos que intervienen factores genéticos y otros relacionados con el desarrollo cerebral, y que los antecedentes familiares de dificultades del lenguaje son frecuentes. Quiero insistir en que no lo provocan una mala educación, la falta de estimulación ni el desinterés de los padres. Tampoco lo causa crecer en un entorno bilingüe: aprender más de una lengua no empeora el trastorno.

¿Cómo se diagnostica?

Es necesaria una evaluación individualizada realizada por profesionales especializados en lenguaje, habitualmente un logopeda, con la participación de otros especialistas cuando haga falta. Valoramos la comprensión, la expresión oral, el vocabulario, la gramática y el uso del lenguaje en situaciones cotidianas. También recogemos información de la familia y del colegio y consideramos posibles dificultades auditivas u otras condiciones. No existe una prueba única que, por sí sola, confirme el diagnóstico.

¿Qué tratamientos y apoyos pueden ayudar?

La intervención logopédica permite trabajar la comprensión, el vocabulario, la construcción de frases y la narración. Pero es igual de importante adaptar las explicaciones y los materiales escolares, utilizar apoyos visuales y dar a las familias estrategias para favorecer el lenguaje en la vida cotidiana, sin convertir cada conversación en un ejercicio. La coordinación entre profesionales y familia ayuda a fijar objetivos comunes. Intervenir pronto puede mejorar las habilidades comunicativas, aunque algunas personas necesitarán apoyos en distintas etapas de su vida.

¿Qué pueden hacer las familias?

Mi recomendación es utilizar frases claras, adaptar la complejidad del lenguaje y dar tiempo al niño para responder, sin terminar constantemente sus frases. También ayudan los gestos, las imágenes, los ejemplos y la lectura compartida. Es importante reconocer los avances, evitar comparaciones y consultar a un profesional si las dificultades persisten, en lugar de confiar en que necesariamente desaparecerán con la edad.

Para terminar, ¿qué mensaje le gustaría trasladar?

Que lo importante no es solo hablar, sino poder comunicarse. El TDL puede ser invisible: un niño que no responde, parece distraído o evita intervenir en clase quizá tenga dificultades para comprender o expresar lo que piensa. Si confundimos eso con desinterés, timidez o mala conducta, podemos retrasar la ayuda. Detrás de las palabras que no salen hay ideas, emociones y capacidades que merecen ser escuchadas.