10 claves para que la vuelta al cole sea más fácil para los niños neurodivergentes

El final de las vacaciones y a vuelta al cole supone un cambio importante para cualquier niño y puede requerir una preparación especial en aquellos con trastornos del neurodesarrollo… el regreso a las aulas supone un cambio importante para cualquier niño. Para muchos niños con trastornos del neurodesarrollo, ese salto puede ser todavía mayor. Recuperar horarios, volver a un entorno lleno de estímulos, encontrarse con nuevos profesores y compañeros o retomar las exigencias académicas y sociales puede provocar ansiedad, irritabilidad, dificultades para dormir o una mayor desregulación emocional.

Pero ni todos los niños neurodivergentes son iguales ni todos necesitan los mismos apoyos. Y esa es precisamente una de las claves para Susana Lominchar, directora del Colegio Querer, colegio de educación especial de la Fundación Querer especializado en niños con trastornos del neurodesarrollo y del lenguaje.

«El éxito no está en una metodología, sino en la adaptación», explica Lominchar. En el Colegio Querer cada alumno parte de una evaluación individual y docentes y terapeutas trabajan conjuntamente para adaptar el aprendizaje a sus necesidades.

Con esa misma filosofía, preparar la vuelta al cole no consiste en seguir una receta idéntica para todos. No todos los niños necesitan anticipar de la misma manera, ni los mismos tiempos, ni los mismos apoyos. Estas diez claves (ideas) pueden ayudar a que septiembre resulte algo más sencillo.

1. Recupera los horarios poco a poco

Pasar de los horarios del verano a madrugar, desayunar, vestirse y salir de casa a una hora concreta de un día para otro puede añadir una dificultad innecesaria.

Durante los días anteriores podemos adelantar progresivamente la hora de acostarse y levantarse y recuperar los horarios de comidas y otras rutinas.

«Las rutinas aportan seguridad porque permiten al niño saber qué va a ocurrir. No necesitamos reproducir el horario escolar durante las vacaciones, pero sí evitar que el cambio llegue de golpe el primer día», recomienda Lominchar.

2. Convierte lo desconocido en conocido

Si el niño cambia de colegio, edificio, aula o profesor, conocer previamente esos espacios puede reducir mucha incertidumbre.

Visitar el centro, recorrer la entrada, localizar la clase, el comedor, los baños o el patio y, si es posible, conocer al tutor transforma un lugar nuevo en un espacio que ya tiene referencias.

Si no es posible hacerlo físicamente, podemos recurrir a fotografías, vídeos, mapas sencillos o historias sociales. Los expertos consultados por el periódico 20minutos recomiendan precisamente utilizar este tipo de recursos para anticipar espacios y desplazamientos.

3. Anticipa, pero no hables todo el día del colegio

Anticipar no significa recordar continuamente que se acerca septiembre.

Algunos niños necesitan información muy detallada. A otros, demasiada información con demasiados días de antelación puede aumentarles la ansiedad.

Podemos utilizar un calendario visual para marcar cuándo empieza el colegio y explicar las novedades importantes. Pero también conviene contar qué cosas seguirán siendo iguales: los compañeros que continuará viendo, determinadas actividades, su mochila o la persona que seguirá acompañándole.

Lo conocido también tranquiliza.

4. Haz un ensayo general

Uno o dos días antes podemos probar la rutina completa.

Levantarse, desayunar, vestirse, preparar la mochila y realizar incluso el recorrido hasta el colegio permite detectar dónde aparecen las dificultades sin la presión de tener que llegar puntuales a clase.

Para algunos niños puede funcionar muy bien una secuencia visual sencilla con cada paso de la mañana.

«No debemos hacer por ellos aquello que pueden aprender a hacer con los apoyos adecuados. Preparar la vuelta al colegio también puede convertirse en una oportunidad para trabajar autonomía», señala Lominchar.

El desarrollo progresivo de la autonomía y la seguridad forma parte precisamente de los objetivos educativos del Colegio Querer.

5. Cuenta al profesor cómo es tu hijo, no solo qué diagnóstico tiene

«TEA», «TDAH» o «trastorno del lenguaje» dicen mucho menos sobre un niño de lo que a veces pensamos.

Antes de comenzar el curso puede ser enormemente útil proporcionar al tutor una pequeña ficha con información verdaderamente práctica: cómo se comunica, qué le gusta, cuáles son sus fortalezas, qué situaciones pueden desregularle, cómo sabemos que empieza a saturarse y qué suele ayudarle.

La comunicación entre familia y colegio es especialmente importante cuando un niño necesita apoyos específicos, pero debería formar parte del acompañamiento educativo de cualquier alumno.

«Los padres juegan un papel muy importante en la educación de estos niños», explica Lominchar, que destaca también la relación directa que debe existir entre familias y todos los profesionales que trabajan con el alumno.

6. Busca los lugares difíciles y también los lugares seguros

El timbre, el comedor, un pasillo abarrotado, el gimnasio o el patio pueden convertirse en lugares especialmente intensos para un niño con dificultades de procesamiento sensorial.

Identificarlos previamente permite anticipar qué puede necesitar el niño: reducir determinados estímulos, introducir apoyos, realizar una adaptación progresiva o, cuando sea necesario, ofrecer una alternativa.

Pero es igual de importante hacer el ejercicio contrario: localizar un espacio tranquilo al que pueda acudir cuando necesite regularse. Puede ser una biblioteca, un aula o cualquier lugar previamente acordado con el centro.

El niño debería saber dónde está y cuándo puede utilizarlo. Tener una salida prevista puede reducir la ansiedad incluso cuando finalmente no sea necesario recurrir a ella.

7. Que sepa exactamente a quién pedir ayuda

«Si te encuentras mal o necesitas salir un momento, ¿a quién se lo dices?»

Es una buena pregunta para hacer antes del primer día.

Conviene que el niño tenga claramente identificada una persona de referencia con la que se sienta seguro: el tutor, un profesor de apoyo, el orientador u otro adulto conocido.

Y si utiliza pictogramas, signos, una tablet o cualquier sistema aumentativo o alternativo de comunicación, el colegio debe conocerlo antes de que empiecen las clases. No tiene sentido que un niño tenga una herramienta para comunicarse y los adultos que van a acompañarle no sepan utilizarla.

8. Las primeras semanas no hay que poder con todo

Volver al colegio supone procesar de nuevo horarios, normas, conversaciones, estímulos, tareas, desplazamientos y relaciones sociales.

Por eso algunos niños llegan a casa mucho más cansados o irritables durante los primeros días.

No significa necesariamente que algo vaya mal.

«La adaptación también requiere energía. Durante las primeras semanas conviene observar el nivel de cansancio del niño y ajustar, si es necesario, las exigencias fuera del horario escolar», ha explicado Lominchar sobre la experiencia cotidiana del Colegio Querer.

Durante las primeras semanas puede ser conveniente dejar más tiempo libre después de clase, reducir temporalmente algunas actividades y permitir momentos de descanso y regulación.

9. Pregunta cómo está, no solo qué tal le ha ido

«¿Qué tal el cole?» suele recibir una respuesta bastante previsible: «Bien».

Podemos obtener mucha más información preguntando qué ha sido lo mejor del día, qué ha sido lo más difícil, cuándo ha habido demasiado ruido, con quién ha jugado o si ha habido algún momento en el que haya necesitado ayuda.

Y además de preguntar, hay que observar.

Cambios importantes en el sueño o el apetito, dolores de cabeza o de barriga recurrentes, mayor irritabilidad, rechazo persistente al colegio o una necesidad extraordinaria de recuperarse después de clase pueden indicarnos que la adaptación está siendo más difícil de lo que parece.

Un niño puede sacar buenas notas y no encontrarse bien.

10. No intentes que vuelva al cole «como todos los demás»

Esta quizá sea la recomendación más importante.

Un alumno puede necesitar más tiempo para responder, apoyos visuales, instrucciones más concretas, descansos, anticipación ante los cambios, un lugar diferente dentro del aula o una adaptación progresiva durante los primeros días.

Eso no significa exigirle menos. Significa proporcionarle las herramientas que necesita para poder aprender.

Susana Lominchar lo resume desde la experiencia del Colegio Querer: «Aquí no comparamos, partimos de una línea de salida y acompañamos el proceso». Y añade una idea que debería extenderse mucho más allá de la educación especial: «La inclusión empieza por dar a cada niño lo que necesita».

Septiembre también es una oportunidad

La vuelta al cole no tiene que ser perfecta.

Habrá días buenos, días difíciles, cambios que no habíamos previsto y estrategias que habrá que modificar sobre la marcha.

La vuelta al cole no tiene que ser perfecta. Habrá días buenos, días difíciles, cambios que no habíamos previsto y estrategias que habrá que modificar sobre la marcha. Preparar septiembre significa anticipar lo que podamos, observar mucho, escuchar al niño y estar dispuestos a modificar aquello que no funciona. Porque acompañar bien no consiste en conseguir que todos avancen de la misma manera, sino en ayudar a cada niño a encontrar la suya.

En el Colegio Querer, docentes, logopedas, terapeutas ocupacionales, psicólogos y neuropsicólogos trabajan de forma coordinada porque las necesidades de un niño no terminan en la puerta del aula. El objetivo es que los aprendizajes puedan trasladarse también a su vida cotidiana.

«Comprobé en primera línea que estos niños tienen potencial de aprendizaje y que no hay que ponerles límites», recuerda Lominchar.

Quizá esa sea también una buena forma de afrontar septiembre: anticipar lo que podamos, observar mucho, escuchar al niño y modificar aquello que no funciona.