Cuidar de los nietos puede ayudar a mantener el cerebro en forma

Los abuelos que participan en el cuidado de sus nietos presentan mejores resultados en memoria y fluidez verbal que aquellos que no lo hacen. Un estudio longitudinal (Grandparents’ cognition and caregiving for grandchildren ) con más de 1.700 personas mayores de 50 años sugiere además que, entre las abuelas cuidadoras, el deterioro cognitivo puede avanzar más lentamente. Sin embargo, cuidar más horas no parece aportar necesariamente mayores beneficios.

Recoger a los nietos del colegio, prepararles la comida, ayudarles con los deberes, jugar con ellos o acompañarlos al parque puede ser agotador. Pero toda esa actividad también supone conversar, recordar, organizar, tomar decisiones, moverse y mantener una relación social y emocional intensa.

Y esa combinación podría tener consecuencias positivas para el cerebro.

Una investigación publicada en la revista científica Psychology and Aging ha estudiado la relación entre el cuidado de los nietos y la evolución de las capacidades cognitivas de los abuelos. Sus resultados apuntan a que quienes participan en su cuidado presentan mejores niveles de memoria episódica y fluidez verbal que quienes no desempeñan estas tareas.

El trabajo ha sido realizado por investigadores de la Universidad de Tilburg, en Países Bajos, y la Charlotte Fresenius Hochschule, en Alemania, y fue publicado online el 26 de enero de 2026.

Abuelos cuidadores frente a abuelos que no cuidan

Los investigadores utilizaron datos del English Longitudinal Study of Ageing (ELSA), uno de los grandes estudios que siguen durante años la salud y las condiciones de vida de las personas a medida que envejecen.

Para este trabajo analizaron tres momentos diferentes de seguimiento de abuelos de 50 años o más. La muestra utilizada en los análisis incluyó a más de 1.700 participantes.

Pero comparar directamente a quienes cuidan de sus nietos con quienes no lo hacen presenta un problema.

Es posible, por ejemplo, que las personas con mejor salud o mayores capacidades cognitivas tengan también más posibilidades de hacerse cargo de sus nietos. En ese caso, no podríamos saber si cuidar beneficia al cerebro o si, simplemente, las personas que están mejor son las que más tienden a cuidar.

Para reducir este problema, los investigadores compararon a los abuelos cuidadores con otros abuelos no cuidadores que presentaban características similares mediante una técnica estadística denominada propensity score matching.

A partir de ahí analizaron fundamentalmente dos capacidades cognitivas.

Una fue la memoria episódica, que nos permite recordar acontecimientos y experiencias concretas. La otra fue la fluidez verbal, relacionada con nuestra capacidad para recuperar y producir palabras con rapidez.

Mejor memoria y mayor fluidez verbal

Los resultados mostraron que tanto las abuelas como los abuelos que cuidaban de sus nietos presentaban niveles más altos de memoria episódica y fluidez verbal que los participantes comparables que no realizaban estas tareas.

La diferencia más interesante apareció al observar qué sucedía con esas capacidades a lo largo del tiempo.

En las mujeres, cuidar de los nietos se asoció también con un menor deterioro cognitivo durante el seguimiento. Las abuelas cuidadoras mostraron un descenso más lento que las abuelas que no participaban en el cuidado.

Entre los hombres, sin embargo, aunque los abuelos cuidadores partían de mejores niveles de memoria y fluidez verbal, los investigadores no encontraron esa misma asociación con un menor declive cognitivo a lo largo del tiempo.

¿Por qué puede existir esta diferencia?

El estudio no permite establecer una explicación definitiva. La forma en que tradicionalmente hombres y mujeres participan en el cuidado, las actividades concretas que realizan o el contexto familiar podrían desempeñar algún papel. Es una de las cuestiones que quedan abiertas para futuras investigaciones.

Más tiempo cuidando no significa necesariamente más beneficio

Uno de los resultados más llamativos del trabajo es precisamente lo que los investigadores no encontraron.

Podríamos pensar que, si cuidar de los nietos se relaciona con una mejor función cognitiva, hacerlo con mayor frecuencia debería aumentar el efecto.

Pero no fue así.

Entre los abuelos cuidadores, la frecuencia con la que se ocupaban de sus nietos no predijo un mejor funcionamiento cognitivo ni una evolución más favorable de sus capacidades.

Esto cuestiona la idea de que exista una relación sencilla del tipo «cuantas más horas con los nietos, mejor para el cerebro».

La explicación probablemente sea bastante más compleja.

Jugar, cocinar o ayudar con los deberes

Los investigadores quisieron saber también si importaba qué hacían exactamente los abuelos cuando estaban con sus nietos.

Analizaron diferentes actividades, como pasar tiempo de ocio juntos, ayudar con los deberes, preparar comidas, llevarlos o recogerlos de diferentes lugares y otras tareas habituales del cuidado.

También estudiaron si participar en una mayor variedad de actividades podía relacionarse con mejores capacidades cognitivas.

Aquí apareció otro resultado que obliga a ser prudentes.

Los abuelos que inicialmente presentaban mejores niveles cognitivos eran también quienes tendían a participar en determinadas actividades, como compartir momentos de ocio o ayudar con los deberes, y quienes realizaban una mayor variedad de tareas.

Esto vuelve a plantear la cuestión de qué es causa y qué es consecuencia.

Puede que realizar actividades variadas con los nietos estimule el cerebro. Pero también puede ocurrir que los abuelos que conservan mejor sus capacidades cognitivas tengan más facilidad para implicarse en esas actividades.

Un gimnasio cotidiano para el cerebro

Aunque el estudio no demuestra que cuidar de los nietos proteja directamente frente al deterioro cognitivo, existen diferentes mecanismos que podrían ayudar a explicar la asociación encontrada.

Cuidar de un niño obliga a mantener una interacción constante con el entorno. Hay que conversar, atender, recordar horarios, resolver pequeños problemas, desplazarse y reaccionar ante situaciones inesperadas.

También supone mantener relaciones sociales significativas.

La actividad social se considera uno de los factores relacionados con un envejecimiento cognitivo saludable. El contacto con otras personas proporciona estimulación intelectual y emocional y puede ayudar a combatir el aislamiento, uno de los problemas que pueden acompañar al envejecimiento.

A ello se suma la actividad física. Estar con niños suele implicar salir de casa, caminar, jugar o simplemente moverse más.

No sería, por tanto, una única actividad la que podría explicar los resultados, sino la combinación de estimulación cognitiva, interacción social, movimiento y vínculo emocional que puede acompañar al cuidado de los nietos.

Cuidar no siempre es una experiencia positiva

Hay una precaución especialmente importante.

Los resultados del estudio no significan que los abuelos deban asumir cada vez más responsabilidades familiares para proteger su cerebro.

El contexto en el que se produce el cuidado importa.

No es lo mismo pasar voluntariamente unas horas con los nietos dentro de una familia en la que las responsabilidades están repartidas que asumir de forma prácticamente obligatoria una carga de cuidados excesiva.

De hecho, que la frecuencia del cuidado no se relacionara con mejores resultados cognitivos refuerza la idea de que más no tiene por qué significar mejor.

También hay que recordar que estamos ante un estudio observacional. Los investigadores han encontrado una asociación entre cuidar de los nietos y determinadas capacidades cognitivas, pero eso no permite afirmar que el cuidado sea la causa directa de esas diferencias.

Envejecer bien también depende de lo que hacemos con los demás

El interés de este estudio va más allá de los abuelos y los nietos.

Cada vez existen más evidencias de que el envejecimiento cerebral no depende únicamente de factores biológicos. La actividad física, la estimulación intelectual y las relaciones sociales forman parte de un entramado mucho más amplio que puede influir en cómo mantenemos nuestras capacidades a medida que cumplimos años.

Cuidar de los nietos reúne muchas de esas dimensiones en una sola actividad.

Obliga a estar presente, relacionarse, pensar, recordar, organizarse y, muchas veces, mantenerse físicamente activo. Los resultados de esta investigación sugieren que esa participación intergeneracional se asocia con mejores capacidades cognitivas y, en el caso de las mujeres estudiadas, con un menor deterioro a lo largo del tiempo.

Pero quizá uno de los hallazgos más interesantes sea que el beneficio no parece estar en acumular horas de cuidado.

No se trata de convertir a los abuelos en cuidadores a tiempo completo. La ciencia apunta más bien hacia algo bastante más sencillo: mantenerse activo, conectado con los demás y participando en actividades significativas puede ser una de las mejores formas de acompañar al cerebro mientras envejece.