La estimulación magnética transcraneal repara circuitos cerebrales y refuerza su potencial frente a la depresión

Fundación Querer cuenta ya con tecnología de estimulación transcraneal y con especialistas formados específicamente en su aplicación.

La depresión lleva décadas tratándose con fármacos, psicoterapia y, en algunos casos, con técnicas de estimulación cerebral cuyo funcionamiento no se entendía del todo. Se sabía que podían ayudar, pero no exactamente por qué. Ahora, un grupo de investigadores de UCLA Health ha conseguido observar algo que hasta hace poco era una especie de “caja negra” de la neurociencia. La estimulación magnética transcraneal no solo modifica la actividad cerebral, también parece reparar físicamente circuitos dañados por el estrés.

El hallazgo, publicado en la revista Cell, aporta una de las explicaciones más completas hasta ahora sobre cómo actúa esta técnica utilizada en personas con depresión resistente a tratamiento. La estimulación magnética transcraneal, conocida como EMT o TMS por sus siglas en inglés, utiliza pulsos magnéticos dirigidos a regiones concretas del cerebro para modular su actividad sin necesidad de cirugía ni anestesia.

Lo novedoso del estudio está en que los investigadores consiguieron observar cambios estructurales en el cerebro asociados a la mejoría emocional. Para ello utilizaron ratones sometidos a estrés crónico, un modelo experimental que reproduce alteraciones similares a las que aparecen en la depresión. Los científicos comprobaron que el estrés provocaba una pérdida de espinas dendríticas, pequeñas estructuras neuronales esenciales para la comunicación entre células cerebrales. Tras aplicar estimulación magnética transcraneal, esas conexiones comenzaron a recuperarse.

La imagen es importante porque cambia el relato sobre la depresión. Durante mucho tiempo se explicó principalmente como un desequilibrio químico relacionado con neurotransmisores. Este trabajo refuerza una idea más amplia. La depresión también implica alteraciones físicas en las redes neuronales y en la capacidad del cerebro para reorganizarse. Y precisamente ahí entra en juego la neuroplasticidad.

Los investigadores observaron además que la estimulación conseguía restaurar la actividad de la corteza prefrontal, una región cerebral clave en la regulación emocional y en la toma de decisiones. Esa recuperación se asociaba a comportamientos menos depresivos en los animales estudiados.

Aunque el estudio se ha realizado en modelos animales, encaja con años de evidencia clínica acumulada en humanos. La estimulación magnética transcraneal ya está aprobada por la FDA estadounidense para determinados casos de depresión resistente y se utiliza cada vez más en salud mental y neurología.

Su interés radica en varios factores. Es una técnica no invasiva, no requiere ingreso hospitalario y permite actuar de forma localizada sobre circuitos cerebrales concretos. Además, ha mostrado utilidad no solo en depresión, sino también en ansiedad, trastorno obsesivo compulsivo, dolor crónico o rehabilitación neurológica.

En este contexto, Fundación Querer cuenta ya con tecnología de estimulación transcraneal y con especialistas formados específicamente en su aplicación. Sara Herrero, directora del Centro Terapéutico Querer, explica que se trata de “una técnica de neuromodulación transcraneal no invasiva de corriente eléctrica continua de muy baja intensidad” que se aplica mediante electrodos para generar cambios en zonas específicas de la corteza cerebral. Herrero subraya que es una técnica “muy novedosa” que empieza ahora a implantarse en España y destaca que el centro la utiliza tanto en niños como en adultos con distintas patologías. “Ha demostrado, y tiene mucha evidencia científica, muy buenos resultados para problemas como depresión, ansiedad, trastornos cognitivos, trastornos del neurodesarrollo como TDAH o autismo, así como para ictus, dolor crónico o fibromialgia”, señala. Además, añade que el centro cuenta con “profesionales específicos certificados para poder aplicar este tipo de terapia”.

Aun así, los expertos insisten en la necesidad de mantener una mirada prudente. La EMT no sustituye otros tratamientos ni funciona igual en todos los pacientes. Tampoco resuelve por sí sola la complejidad de trastornos como la depresión. Pero los nuevos hallazgos ayudan a entender mejor por qué puede ser eficaz en determinados casos y por qué el cerebro conserva una capacidad de reparación mucho mayor de la que se pensaba.

En el fondo, el estudio deja una idea poderosa. El cerebro sometido a estrés no es necesariamente un cerebro roto de forma irreversible. Sus circuitos pueden reorganizarse, reconectarse y recuperar parte de su funcionamiento. Y comprender cómo estimular ese proceso se ha convertido en una de las grandes fronteras actuales de la neurociencia.