Durante el inicio del curso he reflexionado sobre un aspecto que escuchaba mucho durante las vacaciones de verano y que se me ha planteado bastante durante estos dos meses que llevamos. La idea de los deberes que tienen que hacer los más pequeños de la casa durante las vacaciones o fuera del horario escolar, para no tener tanto tiempo libre sin hacer nada.
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Lo primero que me gustaría es reflexionar sobre la palabra DEBERES. Y es que, según su significado, es algo que viene impuesto desde fuera y que tenemos cierta obligación de hacer. Una vez tenemos esta idea en la cabeza, pensemos si a nosotros nos gustaría tener el deber de hacer cosas relacionadas con nuestro trabajo fuera de este horario. Supongo que la respuesta por parte de la mayoría sería negativa. Aunque haya momentos en los que será necesario que nos llevemos trabajo a casa, preferimos desconectar en nuestro tiempo libre. Con lo cual, si pensamos y nos ponemos en el lugar de los más pequeños, para ellos no será tampoco muy motivador tener el deber de hacer tareas como las que hacen en clase, pero en casa.

Podría resultar positivo hacer otras cosas y poder descansar (desconectar) del trabajo realizado en el horario de clase, para poder ir afianzando habilidades y contenidos. Además, no podemos olvidar las cargadas agendas que presentar los más pequeños hoy en día, como para no parar de sobrecargarlas con tareas repetitivas y poco motivantes.

 

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No quiero decir con ello que no sea bueno que los niños y niñas hagan tareas fuera del horario escolar para complementar su desarrollo. Sino que cuando pensemos en aquello que pueden hacer no nos vayamos sólo a la idea de la ficha sentado en la silla o al trabajo estrictamente curricular. Pensemos en tareas más prácticas, lúdicas y de su agrado. Ya que podemos aprender y repasar jugando.

Una buena idea podría ser potenciar su iniciativa, pensando sobre aquellas actividades que les gustaría hacer en su tiempo libre. En nosotros/as podría estar emplear esas motivaciones para poder recordar algunos aspectos vistos en clase, o poder potenciar otros aspectos de su desarrollo. Por ejemplo algunas funciones cognitivas, o simplemente su desarrollo emocional y social compartiendo tiempo con ellos.

Tanto en el caso de los alumnos con necesidades educativas especiales como en el resto de alumnado, se podrían realizar actividades que potencien su autonomía (ciertas tareas de casa, compras, etc.), o se pueden emplear juegos que trabajen ciertos aspectos de manera transversal.

En definitiva, mi idea es que más que repetir ejercicios realizados en clase, se potencien tareas más prácticas, lúdicas, y relacionadas con nuestra vida cotidiana. En muchas ocasiones no sólo es realizar tareas, sino aprovechar para poder pasar más tiempo con ellos y ellas.

Finalmente dejo un enlace en el video del enlace en el que Barbara Oakley habla sobre la necesidad de los descansos, y el trabajo de nuestro cerebro de manera inconsciente durante los mismos.
https://aprendemosjuntos.elpais.com/especial/estrategias-para-aprender-mejor-barbara-oakley/

 

 

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Antonio Alberto Fernandez

Diplomado en Magisterio, especialidad en Educación Especial. Licenciado en Psicopedagogía y con amplia experiencia en Intervención Educativa en alumnos con discapacidad intelectual