A Mercedes Gay, estudiante de octavo grado, le encanta tener opciones en la escuela.

Pero esas opciones son más significativas que decidir entre un sándwich de pescado y una ensalada de pollo asiática en la cafetería de la Escuela Intermedia DelSesto en el distrito de Providence, en Rhode Island. Mercedes establece sus propios objetivos de aprendizaje, trabaja a su propio ritmo y, en clases como estudios sociales, tiene la capacidad de hacer un podcast o una presentación con diapositivas como el final de un proyecto.

“No tengo que ver a un profesor escribir cosas en la pizarra y copiarlas”, dijo. “Aprendo rápido, así que no tengo que esperar a la velocidad de los demás”.

Darles a los estudiantes ese nivel de control sobre su propio aprendizaje es una alta prioridad en el sistema escolar de 24.000 estudiantes de Providence.

Hace cuatro años, el distrito comenzó a adoptar gradualmente un enfoque de aprendizaje personalizado basado bien en un modelo de proveedores de formación, Summit Learning o bien en el del Instituto Highlander. Ahora, 25 de las 39 escuelas del distrito usan uno de los dos modelos, dijo el Superintendente Christopher Maher. Y aunque el rol del maestro en esos programas ha pasado de instructor a facilitador, y el plan de estudios es principalmente digital, el éxito del aprendizaje personalizado se basa en la conexión que forjan los estudiantes y los maestros, dijo.

“Mucho de esto se reduce a las relaciones”, dijo. “Nada de esto funciona sin una gran enseñanza”.

 

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