Emilia está en el séptimo grado (equivalente a 1º de ESO). Los maestros siempre la han encontrado como una niña inteligente y académicamente motivada; sin embargo, históricamente ha sido bastante lenta en completar el trabajo de clase y las pruebas.

Los deberes, particularmente ahora en la educación secundaria, son un proceso muy laborioso, llevándola mucho más tiempo que a sus compañeros. Los padres de Emilia también estaban preocupados al recibir sus resultados del SSAT (Examen de Admisión en la Escuela Secundaria), ya que las calificaciones no parecían reflejar las capacidades de su inteligente hija. Pero lo que más preocupa a los padres de Emilia es que últimamente ha estado llegando a casa diciendo que es “tonta” y que odia la escuela.

La velocidad de procesamiento es la velocidad a la que un individuo puede procesar información y producir una reacción. Aunque se mide como parte de muchas pruebas de inteligencia estándar, no tiene nada que ver con lo “inteligente” que es un individuo. Los desafíos de velocidad de procesamiento pueden ser de naturaleza visual, oral y grafo-motora.

No tienen que estar relacionados con una discapacidad de aprendizaje o TDAH, aunque pueden serlo. Además, la velocidad de procesamiento puede verse afectada fácilmente por muchas cosas. Por ejemplo, mientras que una persona puede no tener un déficit de velocidad de procesamiento primario, la depresión y la ansiedad pueden causar déficits en la velocidad de procesamiento temporalmente.

 

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