LaOrganización Mundial de la Salud (OMS), define la adolescencia como la etapa que transcurre entre los 11 y 19 años. Durante esta etapa se presentan cambios fisiológicos (Hormonales), anatómicos, psicológicos y de la personalidad. Se estima que 1 de cada 5 personas del mundo son adolescentes. La epilepsia es el desorden neurológico mas frecuente durante la adolescencia con una prevalencia estimada de 1.5 a 2%. Por otro lado se indica que un tercio de las epilepsias aparecen antes de los 20 años de edad y cerca del 18% de todas las epilepsias inician entre los 12 y 18 años.

Son diversos los síndromes epilépticos que aparecen durante la adolescencia y otros los que aparecieron antes pero que persisten durante ella:

Síndromes Epilépticos de comienzo en la Adolescencia
Epilepsias de inicio en la niñez que pueden persistir en la adolescencia

Epilepsia Primaria de lectura
Epilepsias fotosensibles
Ausencias juveniles
Epilepsia mioclónica juvenil
Epilepsia con crisis generalizadas tipo gran mal del despertar
Epilepsias mioclónicas progresivas
Epilepsia mesial del lóbulo temporal

Epilepsia benigna de la infancia con paroxismos occipitales de comienzo tardío.
Epilepsia mioclónica benigna de la infancia.
Síndrome de Lennox-Gastaut.
Epilepsia Generalizada con crisis febriles plús ausencias infantiles.
Epilepsia con crisis mioclónicas. (Síndrome de Tassinari)
Ausencias con mioclonías de los párpados. (Síndrome de Jeavons)
Epilepsia con crisis astáto-mioclónicas. (Síndrome de Doose)

 

El manejo de la epilepsia durante la adolescencia confiere grandes e interesantes retos para el médico tratante (Pediatra/Médico Familiar/Neurólogo/Epileptológo). Las ideas de autonomía, percepción de invulnerabilidad y la tendencia a tomar riesgos de los adolescentes son tal vez los principales escollos. La falta de cumplimiento y adherencia al tratamiento alcanza a un tercio de los adolescentes con epilepsia, siendo la mayor entre todas las enfermedades crónicas.

Los adolescentes con epilepsia son pronos a presentar condiciones comorbidas como lo son: Trastornos del sueño, depresión y problemas tanto cognitivos como comportamentales, etc. Estos en conjunción con la epilepsia también conllevan a un deterioro en el funcionamiento social y en los logros académicos. Estas condiciones comorbidas junto con comportamientos, situaciones habituales y eventos fisiológicos en la vida del adolescente conllevan a dificultades en el tratamiento, ellas incluyen:

· La privación de sueño es comportamiento habitual en los adolescentes en particular cuando empiezan una vida social activa asistiendo a fiestas, discotecas y espectáculos públicos, es un factor disparador o precipitante de las crisis más frecuentemente en los pacientes con epilepsias generalizadas idiopáticas. Se recomienda dormir entre 7 y 9 horas. Solo del 2 al 4% de las epilepsias son fotosensibles así que solo este porcentaje de pacientes requiere del cuidado de no exponerse a luces centelleantes, no ver televisión con luces apagadas o exponerse a los computadores con pantallas protectoras.

Alcohol y drogas: Incrementan el riesgo de sufrir crisis, ya que tanto el alcohol como las drogas psicotrópicas modifican los niveles plasmáticos de los anticonvulsivantes, por otro lado provocan efectos adversos. Además son causa frecuente de abandono del tratamiento.

· Depresión: Cerca del 25% de los adolescentes con epilepsia presentaran depresión y 16% ansiedad. Es conocido que la tasa de suicidios es 5 veces mayor en los pacientes con epilepsia que en la población general.

Dieta y trastornos de la alimentación (Obesidad, Bulimia y Anorexia), Algunos anticonvulsivantes incluyendo carbamazepina y ácido valproico pueden producir aumento significativo de peso. Esto puede conllevar a abandono del tratamiento producto de presiones sociales. La obesidad puede dificultar alcanzar los niveles plasmáticos adecuados de los anticonvulsivantes, por aumento de la grasa corporal. La anorexia disminuye las proteínas plasmáticas para el transporte de los anticonvulsivantes y la bulimia reduce la absorción y retención de los fármacos. La anorexia y bulimia provocan severas fluctuaciones de los electrolitos. Todo esto conlleva a un riesgo aumentado de crisis.

· Anticoncepción: Dado el inicio de la vida sexual cada vez mas temprano en la adolescencia. Se requiere de la anticoncepción. Las interacciones farmacológicas entre anticonvulsivantes y los anticonceptivos orales son comunes. No se requieren ajustes en las dosis al emplear lamotrigina, acido valproico, gabapentin, Levetiracetam y posiblemente zonisamida. Se necesitan altas dosis de anticonceptivos cuando se administran en pacientes que reciben carbamazepina, oxcarbazepina, topiramato, fenitoina y fenobarbital. “Se debe considerar la administración de acido fólico de 1-4 mg/día en toda adolescente sexualmente activa que recibe anticonvulsivantes, con el fin dereducir el riesgo de disrafismo espinal en caso de quedar en embarazo.

El Embarazo en la mujer con epilepsia es considerado de alto riesgo en cualquier edad. : Cerca del 30% de los embarazos en adolescentes no son planeados. En las adolescentes la epilepsia conlleva un mayor porcentaje de riesgos (Hemorragias, abortos, prematurez, partos prolongados). Los riesgos de teratogenicidad están también presentes y son al menos el doble que el observado en la población general ya sea por factores genéticos, toxicidad de los medicamentos (Riesgo de anomalías estructurales en particular defectos del cierre del tubo neural, alteración de la proliferación y diferenciación neuronal, también anomalías cardiacas, faciales, genitourinarias y esqueléticas o así también alteraciones funcionales psicomadurativas). Previamente al embarazo planificado y durante el embarazo se debe indicar ácido fólico y polivitamínicos a la adolescente con epilepsia.

Lo ideal en el tratamiento farmacológico de la epilepsia en adolescentes seria la monoterapía, algunos estudios indican que los resultados en cuanto al control de las crisis son satisfactorios, cerca del 85% de los pacientes pueden llegar a un control con monoterapía. Cuando ello no es posible deben usarse combinaciones, los anticonvulsivantes de “nueva” generación ofrecen mecanismos únicos de acción y son mejor tolerados, con pocos efectos adversos, mínima interacción medicamentosa y un amplio espectro de actividad.

La meta ideal del tratamiento es lograr que el paciente este libre de crisis, pero esto frecuentemente no es posible, cada intento debe estar dirigido a balancear el optimo control con mínimos efectos adversos y los eventos que pueden producir el resurgimiento de las crisis debe ser evaluado incluyendo el inicio de la adolescencia, el embarazo y dificultades escolares.

Un programa de manejo de epilepsia en adolescentes debe proveer recursos de cuidado y educacionales para la familia del adolescente, un plan de manejo de emergencia cuando hay una crisis, una guía de que hacer cuando un adolescente olvida una dosis de medicación y pasos para promover la transición de la responsabilidad de los padres al adolescentes. Así también los médicos tratantes deben realizar un rastreo regular para verificar la presencia de comorbilidades comunes que pueden ocurrir en estos pacientes y deben estar preparados para proveer su remisión a otros profesionales para posterior evaluación y educación sobre ellas.

 

 

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